*Publicado en El Norte el 12 de abril del 2014
Durante la última década, y principalmente empujados por la decadencia del PAN en los dos sexenios que ocupó la Presidencia, los partidos políticos han sufrido una grave desmoralización y pérdida de confianza entre los ciudadanos.
Encuestas de Grupo REFORMA han encontrado que las instituciones en las que los ciudadanos confían más son el Ejército y la Iglesia, en abismal contraste con los Diputados y los Senadores.
Según la última encuesta nacional en vivienda realizada por Parametría, los partidos políticos se encuentran en los últimos puestos de la escala de confianza ante la sociedad. Sólo el 19 por ciento de los ciudadanos tiene algo o mucha confianza en estas instituciones.
Al no creer en los partidos políticos como una opción seria y confiable para ocupar los puestos de quienes nos gobiernan, las alternativas ciudadanas toman fuerza.
Gente como Tatiana Clouthier, Mauricio Sada y Fernando Elizondo, quienes fueron referentes en Acción Nacional, han renunciado a su partido tras señalar su descontento y pérdida de fe en las instituciones políticas. Hoy buscan, desde la esfera ciudadana, incidir en la vida pública.
Esta desmoralización, junto el rompimiento de personajes con sus partidos políticos, ha impulsado la creación de nuevas alternativas como Vía Ciudadana, que buscan aprovechar el descontento ciudadano y crear una plataforma que dé solución a sus intereses.
A poco más de 15 meses de las elecciones en el Estado, podemos atestiguar cómo miembros de distintos partidos han constituido asociaciones civiles. Argumentan ser un medio para impulsar intereses ciudadanos cuando en realidad son un vehículo para captar datos y adelantarse a los tiempos de campaña.
Tomemos un ejemplo fresco: en las últimas semanas se creó en San Pedro una nueva asociación, llamada Empecemos. Según su página de Facebook, se trata de un movimiento de ciudadanos que quieren un mejor país.
Dentro de sus acciones está la propuesta de ley para que se instituya el presupuesto participativo, una práctica que se originó en Brasil.
Llaman la atención los integrantes de este movimiento, pues se observa que la gran mayoría cuenta con historial político, pero sin experiencia visible en el sector privado o activismo social.
Por ejemplo, Empecemos es presidido por Luis Susarrey, quien ha laborado en el Municipio de San Pedro, en el Congreso de Nuevo León y ha sido líder estatal de Acción Juvenil. No ha renunciado a su militancia panista y ha mencionado tener aspiraciones políticas, incluyendo una diputación local.
¿Será Empecemos realmente un movimiento ciudadano? ¿O es una plataforma para impulsar temas relacionados con la participación ciudadana para recaudar datos y comenzar una campaña anticipada?
Esto no es nuevo, por supuesto. Desde años atrás han aparecido, mayormente en épocas previas a elecciones, grupos con los que los políticos toman la bandera ciudadana para ver intereses personales.
Recordemos “asociaciones” como Cada vez Hacemos Más, del empresario y hoy Diputado José Maiz; Lazos para una Vida Digna, del ex Alcalde Adalberto Madero, o Comprometidos por Guadalupe, del funcionario regio Arturo Benavides.
Otras son Jóvenes en Acción, usada para promocionar a Jesús Horacio González, regidor de San Pedro; o Yo Amo NL, que recibió apoyos millonarios del Estado -así aparece en una página del Gobierno- y que fue fundada por Adrián Fernández, quien laboró en el Gobierno estatal y milita en el PRI.
Los políticos se esconden bajo la bandera ciudadana para disfrazar sus intereses y aquí los principales afectados son los ciudadanos que buscan certeramente representar las causas comunes, pues la farsa política lastima la percepción sobre los esfuerzos independientes.
No nos dejemos engañar y estemos atentos a este tipo de acciones que sólo buscan un bienestar personal y no el de la ciudadanía.