Carácter mexicano

*Publicado en El Norte el 5 de enero de 2013

En su discurso a la nación por el comienzo del año 1990, el entonces Presidente de la República Checa, Václav Havel, señaló que el Gobierno no debe ocultar sus errores y desaciertos y esconderse bajo la mentira de que todo marcha bien.

A ello se puede agregar que, al contrario, de manera periódica debemos realizar el ejercicio de definir nuestra situación, pues nos permitirá identificar dónde estamos situados, decidir hacia dónde vamos y, sobre todo, entender cómo llegar ahí.

A pesar de sus avances y éxitos, México es una nación que sigue desaprovechando su enorme potencial. Según datos de la OCDE, nuestro País es uno de los más desiguales del mundo.

Hay entidades como el Distrito Federal o Nuevo León en las que el Índice de Desarrollo Humano (IDH) es igual o superior al de Argentina, mientras municipios en Chiapas y Oaxaca cuentan con un IDH similar al de Nigeria o Senegal. En términos de pobreza, el 44.2 por ciento de la población vive en esta situación mientras el hombre más rico del mundo es mexicano.

Los mexicanos vivimos cinco años menos que el promedio de los países de la OCDE y ocho años menos que Japón y Suiza. En educación, los maestros mexicanos se declaran no ser responsables de su formación académica y docente mientras el País ocupa en la prueba PISA, realizada entre 65 países, los lugares 48, 50 y 51 en las categorías de lectura, ciencias y matemáticas, respectivamente.

En estados líderes como Nuevo León ha existido un alza en los impuestos acompañada de un gasto irresponsable por parte del aparato gubernamental que busca gobernar a través de la mercadotecnia.

México es un país donde las ciudades son reflejo de que nuestros líderes pasados no vieron o no quisieron ver por los intereses de largo plazo y por las generaciones que vendrían; es un país de improvisación en el liderazgo e implementación de políticas públicas y de conformismo de gran parte de la clase trabajadora y empresarial.

Sin embargo, el problema principal de nuestra Nación es que vivimos una cultura que ha sido dañada moralmente.

Por generaciones nos hemos acostumbrado a decir algo diferente de lo que pensamos. Aprendimos a no creer en nada, a ignorarnos los unos a los otros y a preocuparnos sólo por nosotros mismos.

Esto ha causado que, como mexicanos, nos acostumbremos a un sistema corrupto y conformista; a un país desigual, de escasas oportunidades para muchos y vastas para pocos.

Lo hemos aceptado como un hecho inalterable, siendo no sólo sus víctimas, sino también sus promotores.

La gran mayoría de nosotros buscamos un cambio, y para lograrlo es necesario que entendamos que recae en nosotros mismos.

Ni el mejor Presidente, ni el mejor Congreso, ni el mejor Gobierno podrán cambiar el rumbo de México si no cuentan con el apoyo y el compromiso de la ciudadanía.

Sería contradictorio esperar que bajo nuestro sistema democrático así fuese, pues la democracia requiere y se sustenta en la participación y en el compromiso ciudadano.

Aprendamos de lo bueno de Estados Unidos, un país que ha alcanzado sus logros gracias al carácter de su gente. Un país fundado bajo la creencia y posterior realidad de que es la tierra de oportunidades. Un país donde cualquier persona dispuesta a trabajar y a esforzarse lo suficiente puede lograr sus sueños.

Aprovechemos este comienzo de año para adoptar y rehacer el carácter mexicano.

Adoptemos un nuevo carácter que reconozca al mexicano, adonde sea que vaya, como una persona dispuesta y capaz de lograr grandes cosas; como una persona honesta e íntegra que trabaja con profesionalismo, excelencia y calidad, y con un profundo sentido de cultura cívica y sentido de comunidad.

El mayor enemigo es nuestra indiferencia al cambio, sumada a nuestro egoísmo, el individualismo, la excesiva ambición personal y la falta de compromiso social.

Adoptemos un carácter mexicano que combata esos obstáculos y permita transformar y renovar nuestra cultura moral para que incluya un deber y un compromiso sociales.

Como mexicanos contamos con un deber cívico y social con el cual cumplir. Renovemos nuestro carácter y tomemos el compromiso que nos corresponde de cambiar el rumbo de nuestro País.

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Eugenio Garza

Buscando un mejor México.

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