*Publicado en El Norte el 9 de mayo de 2013
La visita del Presidente Obama a México trató un tema que relativamente pasó desapercibido: la disminución de cooperación entre ambos países en el tema de seguridad.
Una nota publicada por EL NORTE, de The New York Times, señala que el Gobierno mexicano removió a los agentes de Estados Unidos de Monterrey que participaban en investigaciones sobre narcotráfico y le prohibió a Estados Unidos participar en pruebas de polígrafo a nuevos integrantes de las agencias de seguridad.
Esta misma fuente menciona que este tema ha preocupado al propio Presidente Obama.
Previamente a su visita a México, Obama señaló que el esfuerzo bilateral en temas de seguridad puede mejorarse, específicamente en el trato por parte de México, y dejó en claro que no tomaría juicio hasta escuchar del propio Gobierno mexicano qué planea alcanzar con esta estrategia.
La política de Enrique Peña Nieto deja entrever que este plan no trata de nacionalismos ni de un arreglo con la delincuencia, sino de la estrategia central de su Gobierno, cuyo éxito o fracaso determinará el juicio que la historia otorgue al actual sexenio. Una estrategia totalmente distinta a la emprendida por Felipe Calderón.
Calderón decidió apostarle a la restauración del Estado de Derecho y la erradicación del narcotráfico para lograr un crecimiento económico sostenido y una estabilidad política que mejorara las vidas de los mexicanos, estrategia que resultó en más de 50 mil muertes y en una caída del 35 por ciento en la inversión extranjera entre 2007 y 2011, según datos del Banco Mundial.
Ante este intento fallido, Peña Nieto decide apostarle a otra estrategia.
Sin declararlo abiertamente, ha decidido restarle importancia y desviarle atención a la inseguridad y enfocarse en promocionar el crecimiento y las oportunidades en el País.
Brookings Institute, en un ensayo de febrero, menciona que el Gobierno de Peña Nieto ha priorizado el desarrollo social y económico y ha sido vago en la definición de la estrategia para combatir la inseguridad.
Y es que el objetivo es vender a México con una nueva imagen. Posicionarlo como un país próspero, seguro y con oportunidades de crecimiento que logre atraer inversión que genere empleo y mayores ingresos a los mexicanos.
Como se cita en el artículo de The New York Times, el Gobierno mexicano está preocupado por demostrar que se tiene todo bajo control -aunque no sea totalmente cierto- para incentivar el crecimiento económico requerido para ofrecer una mejor calidad de vida que reduzca los índices delictivos.
Hasta la fecha, la estrategia ha rendido frutos. México ha mejorado su visibilidad en el exterior y se empieza a respirar un ambiente de prosperidad.
El reconocido columnista Thomas Friedman se ha referido en dos ocasiones a las oportunidades y al crecimiento acelerado que tendrá México; incluso vaticina que nuestro país será el poder económico más dominante entre los países en desarrollo.
The Economist y El País han publicado una serie de artículos y editoriales halagando el desempeño de Peña Nieto y el gran futuro que le espera a México.
Esta semana, Bloomberg Businessweek publicó un artículo en el que se menciona que México ha tenido una drástica transformación en su imagen en los últimos meses y que ha pasado de ser comparado con Afganistán a ser categorizado como la siguiente China. The Financial Times llamó a nuestro país el “Tigre Azteca” por su potencial económico.
Parece ser que esta política ha sido del agrado de Estados Unidos. El discurso de Obama en el Museo de Antropología confirmó que su Gobierno, en su vista a México, verifica y aprueba lo dicho por medios de comunicación.
Obama pidió reconocer las nuevas realidades, el progreso y la prosperidad en México. Verlo como un país globalizado y competitivo a nivel mundial, un país que comercializa con el mundo y está convirtiéndose no sólo en una potencia manufacturera, sino en un centro de innovación de alta tecnología.
Sin embargo, Peña Nieto corre gran riesgo, pues sostiene la imagen de México con alfileres.
Un ataque notorio por parte de grupos criminales puede derrumbar todo el esfuerzo y hará que México, como en 1994, sea visto como una ilusión y un país que encubre la realidad.