Confiar en los políticos

*Publicado en El Norte el 1 de octubre del 2011

En México los ciudadanos tenemos una seria desconfianza en las instituciones políticas, lo que representa un serio problema y reto a vencer para la construcción de una democracia sólida.

Encuestas de Grupo REFORMA han encontrado que las instituciones en las que los ciudadanos tienen más confianza son el Ejército y la Iglesia, mientras que las figuras en las que menos confían son los Diputados y los Senadores.

Un estudio de febrero del 2010 de Consulta Mitofsky señala que los partidos, Diputados y Senadores son los peor evaluados en términos de confianza.

El mismo estudio reveló que sólo el 6 por ciento de la población cree en los Diputados, el 35 por ciento menciona que tiene poca o nada confianza en ellos y sólo el 7 por ciento dice tenerles mucha confianza.

No creemos en nuestros legisladores y, por lo tanto, no podemos confiar que ellos representan nuestros intereses.

Por ejemplo, Grupo Imagen señala que casi el 98 por ciento de sus encuestados cree que el consenso logrado este 28 de septiembre en el dictamen de reforma política en la Comisión de Puntos Constitucionales representa sólo una reforma a medias, ya que excluye temas centrales como el de la reelección.

¿Por qué hemos perdido esta confianza? Y me atrevo a preguntar, ¿por qué nunca les hemos tenido confianza?

La respuesta es muy obvia: el desencanto y percepción negativa que tenemos de los políticos son consecuencia de sus acciones y resultados.

Lemas como “mi palabra es mi compromiso” se han vuelto comunes en las campañas políticas para refrendar o convencer a la gente que confíen en ellos.

Sin embargo, son estrategias de mercadotecnia obsoletas porque vemos que rara vez las palabras se traducen en hechos.

Incluso hemos visto que, para darle formalidad, los aspirantes a gobernantes o legisladores buscan poner su palabra en papel para traducirlo en compromiso, sin embargo, esto resulta ser algo nulo.

Por ejemplo, el 26 de julio, la fracción del Partido Verde firmó un compromiso para apoyar la reforma electoral que enlistaba, entre varios puntos, la reelección legislativa y de Alcaldes.

Esta semana, el miércoles 28, uno de sus Diputados votó en contra de la reelección, a pesar de su compromiso ante la ciudadanía, que había realizado públicamente y por escrito dos meses antes.

La nueva forma de hacer campaña ahora está en hacer compromisos ante notario, porque saben que su sola palabra por escrito no basta.

Existen ejemplos como los de Fernando Larrazabal y Enrique Peña Nieto, quienes han firmado decenas y hasta cientos de estos compromisos. Lo malo es que suelen ser convenios individuales, efímeros, sin un proyecto común y sin una publicación clara y efectiva.

No es fácil encontrar una lista y explicación de estos compromisos, lo que permite que puedan ser falsos, y los gobernantes terminan siendo medidos por el cumplimiento de éstos (si es que llega a ocurrir) en lugar de ser evaluados por su proyecto de gobierno, metas y logros.

Pero es claro que tenemos una seria desconfianza hacia nuestros gobernantes, y mientras veamos que las nuevas clases políticas sigan prometiendo e incumpliendo con su compromiso, la desconfianza seguirá creciendo y nuestra democracia lo resentirá cada vez más.

Si no usamos mecanismos como la reelección para presionar a los políticos a que cumplan, no lograremos una democracia más efectiva que dé confianza al ciudadano de que está siendo realmente representado.

Hay que apuntar que lo más preocupante para nuestra democracia es que la meta de los gobernantes no está en obtener la confianza de los ciudadanos, sino en ver en manos de quién está el poder y cómo se le puede arrebatar.

Para construir una mejor democracia y un Estado eficaz requerimos de confianza en las instituciones. Ésta no puede ser construida a base de mentiras.

Necesitamos un sistema de contrapesos ciudadanos, como la reelección, para lograr que una promesa hecha al ciudadano sea de mucho mayor valor que los intereses partidistas.

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Eugenio Garza

Buscando un mejor México.

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