¿Eres ciudadano?

*Publicado en El Norte el 14 de enero del 2012

Muchos organismos internacionales toman el 2000 como el año en que se instituyó la democracia en México.

Han pasado 11 años de elecciones periódicas con alternancia y, sin embargo, existe un serio desencanto con este régimen.

Resultados recientes de Latinobarómetro indican que al 35 por ciento de la población le da lo mismo tener o no un régimen democrático, y el 72 por ciento de los encuestados dicen estar no muy satisfechos o nada satisfechos con la democracia en México.

Estos datos no sólo son de la opinión pública, sino también el Índice de Democracia 2010 de Economist Intelligence Unit califica a México como una democracia deficiente.

Este sentimiento, aunado a la crisis de inseguridad, hace que nazca un clamor por un líder poderoso.

Menciona el Latinobarómetro que el 38.7 por ciento de los mexicanos apoyaría a un Gobierno militar (cifra que asusta cuando se compara con el 35.89 por ciento con el que ganó Felipe Calderón) y que poco más de una cuarta parte de los mexicanos cree que es probable o bastante probable que se dé un golpe de Estado.

La gente se encuentra dispuesta a ceder un Gobierno en el que el poder se centre en las instituciones por un Gobierno con el poder centrado en una élite.

La reinsurgencia de esta figura de caudillo en el poder sería la peor desgracia que pudiera ocurrirle a México y el mayor impedimento para desarrollarse.

Uno de los mayores retos para desarrollarnos como una verdadera democracia es que nuestro sistema político (creado por caudillos) consiste de parásitos y no de ciudadanos.

Hay un amplio grupo de personas que viven del sistema político y dependen su totalidad de él.

Por ejemplo, las plazas sindicalizadas en las paraestatales, los panistas que viven de la nómina municipal o los “inconformes” con la anulación de la elección en Michoacán, a quienes se les pagó por protestar.

La clave de toda democracia se encuentra en la relación ciudadanía-Gobierno que tiene como eje rector la exigencia. Si vives del sistema te es imposible exigir y por ende alimentas la corrupción. Se necesita romper con el sistema clientelista y formar una verdadera ciudadanía.

Nadie hará por México lo que los mexicanos no hagamos por nosotros mismos.

Esto significa que de nosotros depende si queremos mejorar o no nuestra democracia. Esto involucra el compromiso de vivir bajo el ideal de ser un ciudadano de este país, porque esto es una cualidad que se gana y no con la que se nace.

No podemos quejarnos de nuestra clase política y mucho menos del desarrollo del País si el 73.9 por ciento de nosotros dice tener poco o nada de interés en los temas públicos y piensa que su única responsabilidad como ciudadano es ir a votar.

Porque, como lo dijo Luis Carlos Ugalde en su último artículo en la revista Foreign Affairs, no sólo importa cómo se accede al poder público, sino que es fundamental la manera como se ejerce y los principios que lo regulan.

Elegimos a nuestros gobernantes, pero también permitimos que muchos de éstos vivan en la impunidad y que a su vez permitan el quebranto de la ley.

En su reciente libro, Carlos Salinas expone -y concuerdo con él- que el nuevo modelo democrático requiere de pasar de una ciudadanía conformada por individuos que se limitan a votar y consumir a una ciudadanía integrada por personas que participan y se organizan.

Esto no significa que todos tenemos que involucrarnos en la vida diaria de la política, pero sí enfocarnos en actuar como verdaderos ciudadanos en nuestras familias o empleos, y tratar de ir más allá para buscar lo transcendente para la dignidad colectiva y el bien de la sociedad.

El éxito de un Gobierno se basa en la exigencia y en la participación ciudadana.

Si la democracia no nos ha respondido como esperábamos no es porque resultó ser un régimen ineficiente, si no porque dejamos que fuera así.

Por esa misma razón no es ninguna solución entregarle el poder a una élite, porque el cambio recae en nosotros, no en ella.

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Eugenio Garza

Buscando un mejor México.

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