*Publicado en El Norte el 7 de junio de 2011
La evidencia nos dice que el contexto urbano influye en el comportamiento de las personas. Hemos visto que las ciudades que toman en cuenta este factor han logrado grandes avances en cuanto a la calidad de vida.
En Medellín, Colombia, el ex Alcalde Sergio Fajardo luchó contra el problema de inseguridad, la guerrilla y el narcotráfico con una estrategia exitosa que llamó “Cambio de piel”: ésta se centró en ordenar, limpiar y urbanizar la Ciudad para construir nuevos espacios públicos y ofrecerle a los jóvenes oportunidades para alejarlos de la delincuencia.
En los últimos años, Monterrey y su área metropolitana han sufrido un grave deterioro y se han convertido en una zona desordenada, sucia, con vialidades entorpecidas, que sólo han ayudado a que la delincuencia florezca.
La estrategia oficial ha buscado resolver el problema de la inseguridad sin tomar en cuenta el estado físico de nuestra Ciudad, ocasionando que Monterrey deje de ser un lugar digno para vivir y que se convierta en un paraíso para los delincuentes.
El INEGI reporta que un cuarto de la población de Nuevo León tiene entre 15 y 29 años de edad, y según la Secretaría de Salud del Gobierno federal, la segunda causa de muerte entre jóvenes son las lesiones relacionadas con la violencia, dato que curiosamente no aparece en las estadísticas del Gobierno del Estado.
Para ayudar a revertir esta situación se requiere de un cambio de enfoque en las políticas públicas del Estado y municipios, para que se desarrollen obras que ofrezcan oportunidades educativas, laborales y de emprendimiento, que sirvan para reencauzar a la juventud que ve en el narcotráfico un medio de superación y ofrecerle alternativas productivas.
Pero en lugar de enfocarse en soluciones de fondo, por lo general, los gobernantes optan por hacer obras que les den mayor resonancia electoral, las cuales suelen ser acciones efímeras y sin ningún objetivo concreto.
El Gobernador del Estado se gasta 50 mil pesos por hora de vuelo en jets privados y hasta un millón de pesos diarios en promover su imagen. Ese dinero se debería de invertir en el mantenimiento de la Ciudad, asignar estas cantidades al desarrollo de espacios públicos y así ofrecer verdaderas soluciones a los problemas que enfrentamos.
Hace falta contagiar la visión del Alcalde de San Pedro, Mauricio Fernández, quien ha creado y sigue creando planes como el proyecto peatonal “San Pedro de Pinta”, en la Calzada del Valle, lugar que ha sido escenario de un impulso a la calidad de vida, al deporte y la cultura por muchos años.
Nuevo León requiere de más espacios públicos como los que han impulsado Fernández en San Pedro y Fajardo en Medellín, porque a través de éstos podemos ampliar el abanico de oportunidades para prevenir que la juventud se involucre en la delincuencia.
Gobierno, organizaciones civiles y empresas deben trabajar en coordinación para desarrollar programas que impulsen actividades como el deporte, el emprendimiento, la educación y la cultura. Con la creación de este tipo de proyectos podemos no sólo embellecer la imagen de la Ciudad, sino también crear y ofrecer oportunidades de desarrollo para mejorar la calidad de vida.
Tanto el Gobierno del Estado como los gobiernos municipales deben trabajar en regenerar la imagen de la metrópoli a través del urbanismo, y volver a revivir el Monterrey de no hace muchos años, una Ciudad con pasión por el desarrollo y el crecimiento.
Para lograrlo se requiere establecer un programa de regeneración urbana que tome en cuenta la importancia del orden, la limpieza y la participación ciudadana, pero también es importante contar con proyectos diseñados para elevar la calidad de vida. Todo esto, por supuesto, en beneficio de todos y no como una estrategia electoral.
Monterrey requiere que sus habitantes se sientan nuevamente orgullosos de vivir en esta Ciudad, al tiempo que recuperan en gran medida su dignidad ciudadana: un primer paso es la regeneración de espacios públicos.