*Publicado en El Norte el 5 de julio del 2016
Hace unos 20 años, Monterrey era un refugio para personas que buscaban escapar de la contaminación, tráfico, inseguridad y marchas que ahogaban (y aún ahogan) a la Ciudad de México.
En aquellos años, nuestra Ciudad ofrecía una mejor calidad de vida donde se respiraba aire limpio, se contaba con una movilidad aceptable, o por lo menos mejor, había oportunidades empresariales y de trabajo, no se corría el riesgo de ser asaltados y uno se podía olvidar de bloqueos callejeros de cualquier tipo.
Pasaron los años y Monterrey se fue asemejando cada vez más a la capital de País. Pero no en su capacidad económica o política ni en su reconocimiento como sede turística, sino en otros indicadores, precisamente los que, en alguna ocasión, le otorgaban una ventaja sobre ella.
Monterrey fue adoptando niveles similares en cuanto a la calidad ambiental, la inseguridad, el tráfico y ahora ¡hasta las marchas y los plantones!
Por ejemplo, aún siendo una ciudad que está rodeada por majestuosas montañas que le permiten contar con una gran diversidad de flora y fauna, Monterrey tiene hoy una calidad del aire igual o peor a la de la Ciudad de México.
El Consejo Nuevo León para la Planeación Estratégica, con base en datos de la
OCDE, señala que la zona metropolitana de Monterrey tiene una emisión de dióxido de carbono per cápita 29 por ciento mayor que la Ciudad de México.
Esto se ve reflejado en la calidad del aire que respiramos. De acuerdo con esta misma fuente, la concentración anual de millones de partículas por molécula aumentó un 38 por ciento en tan sólo dos años.
No se requieren de análisis científicos para validar estos datos, es cuestión sólo de subir a la Sierra Madre y observar la capa de bruma que tristemente encierra a nuestra Ciudad.
¿Se acuerda de cuando era casi imposible caminar de noche en muchas partes de la Capital? Pues bien, Monterrey hoy es un paraíso para asaltantes y ladrones.
Según datos oficiales, en comparación con el mismo periodo del 2015, en Nuevo León los robos a negocio subieron en los últimos meses 46 por ciento; a persona, 16 por ciento, y a vehículo, 39 por ciento.
Hemos visto cómo, a plena luz del día, negocios, joyerías, bancos y personas en sus vehículos -y en sus propias casas- son asaltados y agredidos por bandas de delincuentes.
En movilidad vial, Monterrey no sólo vemos vías colapsadas como la Carretera Nacional y un aumento en el tiempo medio de viaje, sino que carecemos de oferta de transporte público de calidad.
Tal como sucedió en su momento en la Ciudad de México, el área metropolitana de Monterrey le da prioridad al vehículo privado, mientras que el transporte público va en decadencia.
De acuerdo con el Consejo Nuevo León, en la zona metropolitana, el 50 por ciento de la población usa el vehículo individual como medio de transporte. En la Ciudad de México sólo el 20 por ciento utiliza este medio, teniendo el transporte colectivo y no motorizado que representa el 80 por ciento del transporte.
Aunado a esto, el tiempo medio de viaje en transporte público en Monterrey es superior al de la Ciudad de México, pues aquí es de 61 minutos, 11 minutos más que en la capital del País.
¿Faltaba algo más? Sí: las manifestaciones y bloqueos ya llegaron a Monterrey. Maestros afines a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación han tomado las principales avenidas de nuestra ciudad.
Las razones para hacerlo podrían ser válidas o no, pero cuando pensábamos que Monterrey era inmune a este tipo protestas, hoy vivimos bajo la amenaza de bloqueos a aeropuertos, carreteras y edificios gubernamentales.
Quizás, para completar el combo, deberíamos cambiar nuestro nombre a CDMTY.
En lugar de aprender de lo positivo de las grandes ciudades (como la CDMX, que tiene sus cosas buenas), Monterrey parece querer adoptar sólo lo malo y olvidarse de lo bueno.