*Publicado en El Norte el 23 de julio del 2015
Se le ubicó como un candidato que supo apoyarse en las redes sociales para convertirlas en pieza angular de su plataforma electoral.
Generó sensación en Facebook, red en la que cuenta con más de 870 mil seguidores y comparte con frecuencia actualizaciones sobre el proceso de transición.
Utilizó la aplicación Periscope para transmitir en vivo, en un hecho inédito, las juntas de transición de Gobierno.
Hoy, Jaime Rodríguez Calderón da la impresión de querer construir un Gobierno vanguardista en el tema de participación ciudadana y herramientas digitales.
Sin embargo, como lo apuntó Miguel Reyes González en estas páginas la semana anterior, el esfuerzo ha sido hasta la fecha improvisado, desorganizado y sin una estrategia clara que podría resultar en una mera apariencia de lo que realmente busca lograr.
Las redes sociales y el internet nos ofrecen la oportunidad de romper con las barreras entre el ciudadano y el Gobierno, pero hay que saber usarlas para pasar de una interacción electrónica a una acción real y tangible.
Se debe comenzar por entender las limitaciones de la estrategia actual, basada principalmente en Facebook como un medio de comunicación, retroalimentación o sondeos.
Los mensajes en esa red son dirigidos a una población bastante reducida: sólo a quienes tienen acceso a internet, manejan una cuenta en el sitio y siguen a Rodríguez.
Y si bien es cierto, como lo explica Nicco Mele, profesor en Harvard, que a falta de canales de comunicación, la gente recurre a sus herramientas más a la mano -como las redes sociales- para expresar su opinión, depender sólo de este tipo de vías genera liderazgos reactivos, es decir, un Gobierno que reacciona a lo que la sociedad exige en ese momento en lugar de establecer un rumbo hacia donde debería ir y las líneas de acción para conducirse.
Porque, como lo mencionan Stephen Goldsmith y Susan Crawford, autores de “The Responsive City”, con una estrategia digital bien diseñada se puede revolucionar la manera en que se gobierna, con mayor transparencia y un mejor manejo de los recursos.
Si realmente se busca la participación a través de herramientas digitales es importante crear una plataforma de innovación que permita a los ciudadanos dar su opinión y actuar directamente en tareas gubernamentales.
Es decir, construir lo que Tim O’Reilly calificó como “el Gobierno como plataforma”: proveer la infraestructura necesaria para que los ciudadanos sean parte del diseño y ejecución de las políticas y servicios públicos.
Buscando crear esta plataforma, el Gobierno estadounidense lanzó el sitio data.gov donde se pueden conseguir documentos de más de medio millón de fuentes de información de una manera intuitiva, sencilla y en un formato amigable para ser usados en herramientas diseñadas por ciudadanos.
Una plataforma así es CitizensConnect, una aplicación móvil de la ciudad de Boston que le permite al ciudadano reportar daños urbanos y rastrear su progreso hasta que se resuelvan.
Otros ejemplos son grade.dc.gov, en donde ciudadanos evalúan los servicios públicos de Washington, D.C., o el concurso organizado por la ciudad de Nueva York en donde piden, a través de la tecnología, que los ciudadanos propongan soluciones a los problemas de la ciudad.
Cabe apuntar que la Administración de Obama ha apostado por construir un equipo dedicado a reinventar la manera en que se gobierna a través de la tecnología.
Por eso han reclutado a más de 400 profesionistas de compañías como Facebook,
Google y Amazon para implementar la eficiencia, agilidad y efectividad que definen a Silicon Valley en las tareas del aparato gubernamental.
Si realmente busca mayor participación ciudadana a través de la tecnología, el Gobierno electo deberá innovar en herramientas digitales que nos permitan hacerlo de una manera ordenada e inteligente, y que a la vez redunden en un mejor gobierno.