*Publicado en El Norte el 19 de mayo del 2015
Encontrarnos a menos de un mes de las elecciones nos hace reflexionar sobre el papel que los ciudadanos jugamos en el futuro de nuestro Estado y me lleva a dos conclusiones de suma importancia.
Primero: votemos o no, todos somos responsables del Gobierno electo.
Las elecciones del 7 de junio parecen ser una historia que lleva repitiéndose cada tres años. No nos escapamos de escuchar una vez más frases como “no sé por quién votar”, “voy a anular mi voto” o “votaré para que no se elija a tal o cual candidato”.
Incluso prevalece el argumento de que el haber votado por un candidato que no resulte ganador te libera de ser responsable del Gobierno que sea electo.
Es decir, pensamos que debido a que voté por un candidato que no ganó, porque anulé mi voto o simplemente no quise votar, nos permite decir: “yo no soy culpable de lo que sucede en Nuevo León, pues yo no voté por el actual Gobernador”.
Un pensamiento erróneo y sumamente peligroso.
La democracia no significa ser parte de ella sólo cuando votas por el candidato ganador. La democracia significa aceptar el resultado de cualquier elección en la que se respeta la libre voluntad de los votantes.
Podemos participar en la democracia de distintas maneras, por ejemplo, anulando el voto, absteniéndonos de votar o votando por un candidato que pierda.
Sin embargo, todas son maneras de participación directa en el resultado, lo que nos hace responsables del Gobierno que resultará electo.
Aun cuando nuestro próximo Gobernador sea electo apenas con el 30 por ciento de la preferencia electoral, tanto tú como yo seremos responsables de manera directa de su elección.
Segunda conclusión: nuestra responsabilidad como ciudadanos se extiende más allá del voto. No sólo somos responsables del Gobierno electo, sino también de su desempeño.
Quizás sea cierto que todos los candidatos son malos. No cuentan con el nivel que requerimos, con los valores o con la capacidad necesaria.
Sin embargo, reconozcamos que si como ciudadanía establecemos y fortalecemos las instituciones necesarias y somos partícipes activos en la vida pública, ningún candidato será tan malo como pudiera ser.
De la misma manera, sin esta participación, ni el mejor de los candidatos será tan bueno como se esperaría que fuese.
La democracia requiere de coraje, pues ésta no viene ya hecha, sino que se trabaja.
La participación activa y valiente de los ciudadanos es una condición necesaria para el perfeccionamiento del sistema democrático.
Si estamos hartos de la corrupción, dejemos de ser parte de la misma. No dejemos que sean sólo los medios quienes vigilen, publiquen y denuncien casos de la corrupción. Hagámoslo nosotros también.
Si estamos en desacuerdo que nuestros gobernantes sean electos con sólo el 30 por ciento de los votos, presionemos a nuestros Diputados y partidos políticos para cambiarlo.
Si no nos gusta el impulso económico que se le da a nuestra Ciudad o Estado, formemos parte de la solución.
Tomemos el ejemplo de World Business Chicago, una organización en la que empresarios y comerciantes se dieron a la tarea de establecer y ejecutar líneas de acción para promover la inversión y el crecimiento económico en esa ciudad.
Existe un sinnúmero de maneras en las que podemos contribuir a tener un mejor Gobierno y perfeccionar nuestra democracia, sólo se requiere voluntad y creatividad para realizarlo.
Por eso, reconozcamos que el éxito o fracaso de un Gobierno no se debe sólo a quien elegimos, sino también al grado de nuestra participación en las tareas públicas.
No nos ceguemos a que somos responsables del camino que tome Nuevo León en los próximos años.
No podremos culpar a nadie más que a nosotros mismos si en el 2021 nuestro Estado no está donde queremos que esté.