
*Publicado en El Norte el 18 de Octubre 2016
Todo indica que las prioridades de la mayoría de los Alcaldes del área metropolitana de Monterrey son distintas a las que legalmente sustentan su función.
Un Alcalde se elige para gobernar y administrar una ciudad. Los ciudadanos le otorgan poder, según la teoría política, para que les brinde una mayor calidad de vida. Buscan que se responsabilice de que la ciudad esté limpia, segura y ordenada.
En términos sencillos, que sea un lugar en donde se viva “a gusto”.
El Alcalde Mauricio Fernández y el Cabildo de San Pedro pusieron el ejemplo al determinar la semana pasada la prohibición del otorgamiento o renovación de permisos de anuncios espectaculares y mupis en el municipio.
Su decisión impacta directamente en la calidad de vida de sus gobernados. El único costo que conlleva es el negocio perdido para unos cuantos individuos.
Con esta iniciativa, ya no habrá permisos para un solo anuncio más y poco a poco se irán retirando los existentes en el municipio sampetrino hasta dejarnos admirar plenamente a nuestra Sierra Madre.
Sobre el tema de los panorámicos, Ed McMahon, investigador del Urban Land Institute en Washington, argumenta enfáticamente que ninguna ciudad necesita estos anuncios, instrumentos de contaminación visual que nos bombardean con una forma de mercadotecnia que no podemos apagar o ignorar.
No son como la publicidad que vemos en una revista, en televisión o internet que, si no nos gusta, cambiamos de canal o de página. A los panorámicos, aunque nos desagraden, no podemos moverlos.
Además, sus estructuras afean la estética urbana, obstruyen la vista de nuestras bellezas naturales y demuestran lo atrasados que estamos en materia urbana.
El valor de los panorámicos se deriva de las calles en las que están ubicados, no de la propiedad privada. Por ello McMahon los llama “parásitos” que se alimentan del valor público de las vialidades para generar una ganancia netamente privada.
¿Qué sucedió cuando EL NORTE cuestionó a los demás Alcaldes sobre si seguirían el ejemplo de San Pedro? Hubo un completo y total desaire. Los municipios pierden más sin ellos, según su lógica.
En Monterrey, San Nicolás, Escobedo y Guadalupe buscaron cualquier excusa para no ir contra los panorámicos.
El principal argumento es que representan una fuente importante de ingresos.
Bajo este razonamiento, revelaron que sus prioridades no son aquellas que rigen su función.
Los Alcaldes no fueron elegidos para maximizar la recaudación de los ingresos municipales, mucho menos para que sean gastados en mochilas, útiles, decenas de autos nuevos y en mercadotecnia ¡en los propios panorámicos!
Se votó por ellos para mejorar nuestra calidad de vida, ¿y qué mejor manera que con regulaciones que generen orden y estética urbana?
Cientos de ciudades han prohibido los panorámicos y vieron que se benefician mucho más que lo que generaban los anuncios.
El estado norteamericano de Vermont es un ejemplo. En un par de años cumplirá 50 años de haber vetado los anuncios panorámicos. ¿La razón? Uno de sus grandes recursos es su belleza escénica, sus paisajes.
Un ex presidente de la Cámara de Comercio de ese estado señaló que pese a que había nerviosismo en que al eliminar panorámicos se reduciría el turismo, encontraron lo opuesto: se incrementó para todos.
Cuenten los Alcaldes los panorámicos en cualquier ciudad de Estados Unidos, Canadá o Europa y quizá sumarían menos de los que hay en Monterrey.
Tal vez temen ir en contra de esta industria o no quieren molestar a quienes apoyaron su candidatura prestándole espacios publicitarios o tal vez algunos hasta sean socios del mismo negocio.
O simplemente no entienden cuál es su función como gobernantes.
Es sólo cuestión de que quieran velar por lo mejor de sus poblaciones y su “belleza escénica”. De que se puede, se puede, como el Alcalde Mauricio Fernández lo comprobó.