**Publicado en El Norte el 26 de diciembre de 2017
El jueves pasado, mientras disfrutaba de una posada, mi celular vibró con una noticia de último minuto.
Era del New York Times: colaboradores cercanos al Presidente Peña Nieto son implicados en un caso de corrupción electoral. Era parte de la nota que Grupo REFORMA había destapado días antes y ahora ya tenía resonancia mundial.Compartí la noticia entre mis amigos, pero ninguno mostró asombro.
“Ésa no es ninguna novedad. Eso ya lo sabemos, siempre lo han hecho”.
Así, con esas respuestas, la conversación giro a otro tema. El “escándalo” pasó a segundo plano y la posada siguió.
Hace casi seis años, Enrique Peña Nieto siendo candidato a la Presidencia de la República, hablaba de un nuevo PRI.
En una una célebre entrevista en campaña, Peña Nieto afirmó que su partido contaba con “jóvenes actores de la nueva generación política de la que forman parte el Gobernador de Quintana Roo, Beto Borge, el Gobernador de Veracruz, Javier Duarte, el Gobernador de Chihuahua, César Duarte, el Gobernador de Campeche. Todos ellos son parte de una nueva generación nueva que ha sido parte de este proceso de renovación del Partido”.
La historia todos la conocemos.
El 1 de diciembre de 2012, ya como Presidente, Peña Nieto se fotografía con su nueva generación: 19 Gobernadores priistas. Hoy, 10 de ellos enfrentan cargos o están bajo sospecha.
De los mencionados, los casos más sonados han sido los de Javier y César Duarte, y Borge, detenidos o perseguidos por casos de corrupción.
A ellos hay que sumarle a nuestro ex Gobernador Rodrigo Medina, quien fue perseguido por Jaime Rodríguez hasta que misteriosamente dejó de ser prioridad para el ahora aspirante presidencial.
De “nuevo PRI” no tiene nada.
La propia administración de Peña Nieto ha sido marcada por la corrupción.
La Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental publicada en mayo del 2016, muestra que el 52 por ciento de los ciudadanos perciben la corrupción muy frecuente, contra un 42 por ciento tan sólo dos años anteriores.
De acuerdo a un estudio de Grupo REFORMA, la corrupción le cuesta a México entre el 2 y el 10 por ciento del PIB y puede representar hasta el 14 por ciento del ingreso de los mexicanos, quienes tienen que realizar “pagos extraordinarios”.
El reporte de Transparencia Internacional ponía en el 2012 a Mexico en el lugar 102 del ranking de corrupción en el que el primer lugar es el menos corrupto. En 2017, México había caído al lugar 123.
Entre los escándalos de esta administración, están el de la Casa Blanca o contratos de obra pública con empresas vinculadas a corrupción. No acabaríamos de contar.
El domingo apenas, el New York Times dio a conocer que el Gobierno federal ha pagado cientos de millones de dólares para así controlar a muchos medios de comunicación. Te pago y no me criticas. Seré tu mejor cliente.
En lo que va de su sexenio, más de 2 mil millones de dólares han sido destinados a medios de comunicación. El año pasado se gastó más en este rubro que en el programa de becas para universidades.
Hoy, envuelto en estos escándalos, el PRI presume a su candidato.
Una vez más, argumentan que es uno distinto. Que no representa la corrupción… del PRI.
Nos comunican que no es priista ni pertenece a ningún grupo político. Cuenta con gran preparación académica y experiencia política. Tiene una gran trayectoria como funcionario público y es un hombre de políticas moderadas que, aseguran, le traerán estabilidad la País.
Lo que no dicen es que carga con el equipaje de varias generaciones de miembros corruptos que durante décadas han construido y estancado un México impregnado de corrupción, pobreza y desigualdad.
Que no nos sorprenda que dentro de seis años se repita la misma historia. Un país hundido en la corrupción con una sociedad a la que ya nada le sorprende.
Pues como demostró Peña Nieto, a Los Pinos no se llega por medio del PRI sin cargar con su equipaje.