#LéemePorFavor

**Publicado en El Norte el 13 de febrero de 2018

Agarren aire, queridos lectores. Podremos estar cansados ya de tanta propaganda electoral por parte de los candidatos y los partidos políticos, pero éstos apenas calientan sus motores.

Agarren también paciencia, porque si bien ya llevamos trienio tras trienio con campañas caracterizadas por ser pobres en contenido y propuestas, prepárense que viene peor.

Las redes sociales –junto con sus “influencers”– impulsarán las campañas electorales como un concurso de popularidad y agravarán aún más la ausencia de propuestas concretas y reales.

No son las primeras elecciones en las que las redes sociales serán un factor clave. Lo han sido desde mediados de la década pasada, y posteriormente, cuando Barack Obama las utilizó para llegar a la Casa Blanca en el 2008.

Lo que sí aparecerá por primera vez en México es el voto de una nueva generación que ha crecido inmersa en las redes sociales.

Por ejemplo, los votantes que tienen 18 años tenían apenas 4 cuando nació Facebook. A sus 5 años de edad, se fundó YouTube, a sus 6 Twitter y a sus 10 años Instagram y Snapchat.

No conocen una realidad ni una política sin el lente de las redes sociales.

Como nunca, las redes sociales moverán el voto y las elecciones y no serán precisamente propuestas las que se comuniquen. Serán dinámicas, juegos de palabras, endosos de “influencers” y hasta intercambio de tuits lo que logre atraer votos.

Tal es la estrategia, por ejemplo, de Samuel García a nivel local, quien ha encontrado en su novia una gran aliada política. Cuenta con más de 116 mil seguidores en Instagram y sus publicaciones ayudan a García a promocionarse entre un grupo de seguidores menores a 25 años.

Adalberto Madero hace lo mismo con Poncho de Nigris, quien tiene una fuerte base de seguidores en Monterrey, en el cual contenderá por la Alcaldía.

Algo similar sucede a nivel nacional, donde un intercambio de tuits pareció resultar en un respiro para el abanderado tricolor.

Tatiana Clouthier, coordinadora nacional de la campaña de Andrés Manuel López Obrador, cuestionó en Twitter a José Antonio Meade sobre a quién se refería éste cuando afirmó –sin mencionar nombres– que México requiere un Presidente serio que sepa afrontar los retos del País.

“Yo mero”, respondió a Clouthier.

Sin medir Clouthier el alcance de su cuestionamiento ni Meade el de su respuesta, ambos dieron juego a un intercambio de tuits que terminó por redefinir la campaña de un candidato que parecía no levantar.

Y aunque también hubo mofas y críticas por el “Yo mero”, ésta fue una respuesta que finalmente inyectó empuje a un candidato que no está conectando con el electorado joven.

Viéndolo de esta manera: con el #YoMero, comunica una responsabilidad de que será él, y no el PRI, quien gobierne.

Así como éstos, se darán muchos casos. No hace falta ser vidente para afirmar que serán unas campañas llenas de “influencers”, memes, hashtags y videos, pero mayormente ausentes de propuestas.

Lo cierto es que la falta de seriedad en las propuestas políticas no es culpa de los candidatos ni de los partidos. Es culpa nuestra. No nos interesan.

Ellos, los aspirantes políticos, hacen uso de sus recursos y tiempo para llegarle al votante de la manera más convincente. Si lo es a través de hashtags, “influencers” o memes en lugar de propuestas, así lo harán.

¿Decidiste leer este artículo por su encabezado? La misma estrategia usarán los candidatos.

Cambiar este paradigma depende de nosotros y las mismas redes sociales pueden ser nuestra mejor aliada. Hagamos uso de ellas para desenmascarar al candidato y verle el rostro al verdadero gobernante.

Si se hace campaña en poesía y se gobierna en prosa, utilicemos las redes sociales para conocer sus párrafos y no sólo sus versos.

Al final de cuentas, queremos servidores públicos, no “influencers”.

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Eugenio Garza

Buscando un mejor México.

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