*Publicado en EL NORTE el 1 de noviembre de 2018
No hay mejores jueces que la historia y el tiempo.
Esa misma historia que nos ha enseñado que las posiciones de autoridad se mantienen siempre ocupadas, pero que sólo en un puñado de ocasiones por generación se ocupan por liderazgos transformativos.
Esto no significa que quienes no lo sean no cumplan su labor o no ejerzan su liderazgo. Al contrario, pueden ser excelentes autoridades, líderes y gobernantes, pero rara vez se ve un perfil que logre enraizar una nueva visión, darle una nueva característica y fijar un rumbo distinto.
Ardua tarea que no se logra con un discurso o un plan de Gobierno; labor que se logra al ser disruptivo en un entorno que premia la estabilidad. Hacer olas cuando se reconoce la calma.
Esta semana, después de más de 30 años en el servicio público, Mauricio Fernández se retiró de la vida política.
Deja el mundo público después de un total de nueve años de fungir como Presidente Municipal de San Pedro, de haber servido como Senador de la República, ser candidato a Gobernador y un miembro activo del PAN.
Se podrá coincidir o no con sus ideas. Se podrá aplaudir o criticar sus gestiones, pero el veredicto final lo emitirá la propia historia, no nosotros.
Como lo argumenta Nassim Nicholas Taleb, autor del libro “Skin in the Game”, no es el éxito momentáneo lo que verdaderamente lo determina: es la estabilidad y robustez de la opinión favorable que perdura a través del tiempo.
El tiempo filtra las emociones y variables exógenas que en un preciso instante podrán nublar la objetividad del juicio.
El tiempo lo dirá, pero no tengo duda de que la historia recordará a Mauricio como un Alcalde transformativo. Un perfil de Alcalde que se presenta con muy poca frecuencia y que logran enraizar una nueva visión.
Estamos en un país donde el que vive en una posición cómoda económicamente no le es conveniente entrar al mundo político. Es mejor no hacer olas, mantenerte al margen y ser aliado del sistema.
No fue el caso de Mauricio. Lo común hubiera sido dedicarse a los negocios familiares o quedarse en la calma de su posición como muchos empresarios lo hacen.
No fue así. Le entró de lleno a dedicarle los mejores años de su vida al servicio público. Asumió la responsabilidad y los costos políticos, empresariales y familiares que conllevan. No sólo eso, lo hizo de una manera frontal y con un claro objetivo: dejar huella.
Armando Leal, quien fungió como Secretario de Obras Públicas, recuerda su primera propuesta que le presentó a Mauricio: pavimentar calles.
La respuesta de Mauricio lo sorprendió: “Yo no fui electo para presumir que pavimenté calles, desde luego que se tiene que hacer. Hazlo, pero tráeme proyectos que trasciendan”.
Ésa fue su visión: apostarle a lo grande y no entretener su tiempo con proyectos ordinarios. Hacer olas en un ambiente que premia la calma.
Por lo mismo fue polémico. Sus formas, obras y palabras podrán ser cuestionadas, pero se le debe reconocer por fijar un rumbo y definir lo que es San Pedro hoy y lo que será en las próximas décadas.
De ser un municipio meramente residencial “le robó” el centro al centro de Monterrey. San Pedro es hoy el centro de negocios, gastronómico, comercial y quizá, si se lo permitimos, cultural de la zona metropolitana.
Logró traer paz -una asignatura que no acaba- en medio de una guerra. Sembró árboles que hoy son la columna vertebral del municipio.
Rediseñó la zona de Valle Oriente para ser el motor económico del municipio; logró algo que no se ve mucho en la administración pública mexicana: un superávit presupuestario de millones de pesos.
Deja sin duda muchos temas pendientes y muchos otros por mejorar. Pero deja también huella de una administración con visión y empuje; que no atropella su visión de largo plazo por la opinión momentánea de la gente.
Mauricio se rifó el pellejo, defendió a su gente e hizo historia. Quizás lo hizo por caprichoso como algunos dicen, quizá no. Lo que sí es que, al hacerlo, deja un legado en San Pedro que el tiempo juzgará.
Un juicio que no tengo duda que será positivo. Se le recordará como un liderazgo que transformó en muchos sentidos a San Pedro. Un liderazgo que no se repetirá fácilmente.
El tiempo lo dirá.