Transporte: sí hay de otra

*Publicado en EL NORTE el 11 de mayo de 2017

Hace algunos días, al llegar a casa me encontré con dos de mis hijas discutiendo por tener una misma muñeca.

Intenté mediar entre ellas. Busqué que la compartieran teniéndola cada quien un rato. No funcionó. Opté por que jugaran juntas y sólo agravé el problema.

Desesperado, tome una decisión de autoridad. La tomé para yo mismo decidir qué hacer con ella, cosa que no resultó nada bien, pues ambas adoptaron una postura de conciliación mutua para hacerme frente común.

Quizás sea ridículo comparar esta situación cotidiana con el tema del transporte que se vive hoy en nuestro Estado, pero creo que nos deja una valiosa lección: pensar que con la sola autoridad podemos resolver los problemas es una visión muy ingenua. Esto por dos razones principales.

Primero, no es ningún secreto que el Gobierno estatal no cuenta con la capacidad de manejar el sistema de transporte. Por definición, un ente gubernamental es burocrático e ineficiente.

Roger Freeman, autor de “The Growth of American Government” (“El Crecimiento del Gobierno Norteamericano”), argumenta que “en contraste a la industria privada, donde la competencia y la utilidad generan presión para una mayor eficiencia… los programas gubernamentales por naturaleza van en contra de la productividad”.

Esto porque la burocracia se crea buscando defender los medios sobre el fin, aunado a la injerencia política natural de la administración pública que nubla la claridad de las decisiones. Éstas se vuelven políticas, no racionales.

Encima está la larga agenda de problemas que enfrentamos: contaminación, inseguridad, corrupción. El Gobierno debe además atender los ejes estratégicos como desarrollo humano, sustentable y económico, justicia, transparencia y finanzas públicas.

¿Cómo esperar que un ente burocrático y político por naturaleza con un sinfín de tareas por atender sea capaz de manejar de manera eficiente un servicio que la industria privada no logró hacer?

¿Realmente se cree que el Gobierno pueda tener mejores rutas, choferes mejor capacitados y camiones con mayor tecnología que la iniciativa privada?

Pretender que el Gobierno del Estado administre de manera eficiente y competitiva un sistema de transporte es una aspiración ingenua.

La segunda razón es que parece ser una regla universal que el sistema de transporte público es financieramente insostenible. Requiere de inversiones multimillonarias y vive de tarifas generalmente topadas por la capacidad económica de los usuarios.

La tarifa es insuficiente para dar retorno al capital. Requiere de subsidios, apoyos a fondo perdidos o de inversiones con un horizonte conservador en su retorno.

El Gobierno del Estado no cuenta con la capacidad económica para sostener el transporte en Nuevo León. Nos lo ha demostrado con el Metro. Siendo una Ciudad de más de 4 millones de habitantes, apenas contamos con poco más de 30 kilómetros de vía. De Ecovía ni hablar.

Por estas razones, la solución no está ni en el Gobierno ni en la iniciativa privada, sino en un organismo colectivo del transporte con plena y total autonomía con respecto del Gobierno.

Hace 72 años, una agencia independiente del Gobierno de Chicago adquirió los activos de transporte en esa ciudad. Desde entonces se ha manejado por profesionales con total independencia del Gobierno y del mundo político.

Hoy atiende no sólo a la ciudad de Chicago, sino también a más de 10 suburbios, siendo el segundo sistema de transporte más grande del país con más de 3 mil 650 kilómetros de vías y rutas.

Aún así, sólo el 38 por ciento de sus ingresos provienen de la operación. Requiere apoyo de un impuesto canalizado (impuesto al consumo) y de programas gubernamentales para completar el restante 62 por ciento.

En Nuevo León la coyuntura se está dando para lograr algo similar. Un consorcio que adquiera las rutas de autobuses, Metrorrey y Ecovía para darle vida y cabida a planes y proyectos de largo plazo.

Pero no debemos ser los ciudadanos quienes las adquieren. Debe ser a través de un vehículo bursátil como una fibra de infraestructura que permita captar financiamiento de fondos internacionales. Fondos que otorgan condiciones preferenciales a proyectos que benefician directamente la calidad de vida y medio ambiente.

De esa manera es que encontraremos una manera distinta y óptima de jugar con la muñeca.

 

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Eugenio Garza

Buscando un mejor México.

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