*Publicado en El Norte el 10 de mayo del 2020
Era el siglo 19 en el Reino Unido. El futbol apenas nacía y terminaba en empate un juego clave entre Old Etonians, un equipo de aristócratas, y Darwen, uno de trabajadores.
Enrabiados por no haber podido ganar, los de Old Etonians acudieron con la Asociación de Futbol que decidió que el desempate se daría repitiendo el partido, poniendo en severa desventaja a Darwen, pues sus jugadores debían hacer de nuevo un largo viaje.
No obstante, ésas fueron las reglas, mismas que se fijaron en el momento, pues era un hecho inédito.
Pero un detalle saltaba a la vista: las reglas fueron diseñadas por el mismo presidente de la Asociación… quien era jugador de Old Etonians. Así que de manera ciertamente legítima acomodó las reglas, y de paso le sacó provecho a las mismas.
Hoy no tenemos futbol, pero sí una situación también inédita: la parálisis de la actividad económica en respuesta al Covid-19.
Aquí tampoco hay reglas probadas sobre cómo hacerle frente a la pandemia, y tampoco hay instructivos sobre qué hacer, ni cómo y cuándo hacerlo.
Por eso vemos una lógica falta de coordinación entre los distintos entes de Gobierno: cada quién intenta sortear la crisis a como ellos lo creen pertinente.
A nivel municipal, el Alcalde de San Pedro, Miguel Treviño, fue el primero en tomar acción. A nivel estatal, el Gobernador Jaime Rodríguez está clavado en atender el problema de salud, relegando el tema económico a segundo plano. Y a nivel federal… tenemos a un Andrés Manuel irracional, errático, y con decisiones sin aparente sustento.
Así, sin experiencia previa se tiene que aprender en una cancha de prueba y error. Quizá a esto se debe que el Alcalde Treviño haya pasado en tan sólo una semana y media de una portería a otra.
El 25 de abril cierra momentáneamente el paso a su municipio, y el 6 de mayo anuncia un plan de reactivación, permitiendo de manera inmediata la obra pública, pero dejando para después la apertura de parques, comercios y casi cualquier otra actividad económica.
No existen datos para determinar si es una medida acertada o si se está ingresando a la cancha a un jugador disminuido, arriesgándolo a una lesión mayor. Nadie lo sabe, pero habremos tarde o temprano de experimentar, probar y corregir sobre la marcha.
Esto porque la situación económica se agrava cada día. Hay miles de personas sin ingreso y se empiezan a ver los efectos en gente rogando por monedas o comida en las calles, casas y afuera de comercios.
La inseguridad también se deteriora. Han ocurrido robos en supermercados y todo lo que se llevan es… pollo y carne. No se tiene con qué comprar comida.
Sin embargo, pareciera que Treviño se puso la camiseta del Old Etonians. Así como sucedió hace 150 años, a él le toca marcar las reglas ante un caso inédito, sin dejar de aprovechar para girarlas un poco a su favor. Veamos por qué.
La obra pública municipal es un detonante económico del municipio, sí, pero no a la escala de la industria restaurantera o la construcción privada, por ejemplo. Esto porque la obra pública es limitada: sólo se reactiva a un pequeño grupo de contratistas.
En mi calidad de empresario, he vivido de cerca cómo personas han perdido su empleo, su negocio y sus ingresos. Se cuentan por cientos y hasta miles.
En muchos casos, los pequeños empresarios han sacrificado todo su patrimonio y esperan que quien menos tiene que perder -el político y el Gobierno- haga también lo suyo. Que se muestre solidario. Empático.
Por eso considero que hubiera sido atinado poner a la obra pública sampetrina en la Fase 1, cuando se tenga mayor control de la situación, y no en la Fase 0 como se hizo. Una Fase en la que es la única actividad permitida… y casualmente es de quien escribe las reglas.
Postergarla a la Fase 1 no tiene grandes implicaciones económicas, pero sí de mensaje: se proyectaría un sector público solidario con quien sigue perdiendo su patrimonio por el bien de todos –la salud.
Insisto: no sabemos si las medidas y el plan son los acertados. Seguramente habrá que corregir con el tiempo.
Pero quizá el primero de los aprendizajes es que se percibe que el sector público dibujó unas reglas para poder jugar de manera anticipada.
Recordemos que enfrentamos el partido más retador en nuestra historia. Si lo jugamos mal, el marcador será catastrófico en contra.
Por eso requerimos de manera urgente liderazgos que peleen por el equipo. Líderes que fijen las reglas que sirvan al bien común.
Hoy debe existir un solo equipo.