*Publicado en WHITEPAPER el 6 de septiembre de 2022
El domingo pasado, en una newsletter sobre mercados financieros, conocí que la misión de Intuit — una empresa de tecnología dueña de productos como TurboTax —es ser “el motor de prosperidad en el mundo”.
Por casualidad, ese domingo también tomé el libro de CEO Excellence, escrito por tres socios de McKinsey que se dieron a la tarea a investigar las estrategias que comparten aquellos CEOs cuya gestión ha sobresalido por tener resultados superiores a los del mercado.
Los autores lo resumen en seis mindsets, donde el primero trata precisamente de la misión de las empresas, y lo llaman “redefinir del juego”. Lo ligué inmediatamente a Intuit.
De acuerdo con McKinsey, los mejores CEOs han cambiado el significado de ganar. Mastercard lo definió como “erradicar el efectivo”; Adidas, “ayudar a atletas desempeñarse mejor que su competencia”; Nike es “mover el mundo hacia adelante”; Lego es “construir, deconstruir y reconstruir para crear nuevas cosas y desarrollar nuevas maneras de pensar sobre nosotros y el mundo”.
Tal como lo hace Intuit, ninguna habla de sus productos y mucho menos, de su rentabilidad.
De acuerdo con CEO Excellence, estos propósitos tienen cuatro elementos angulares.
Primero, descubren su IKIGAI: lo que el mundo necesita, en lo que son realmente buenos, lo que les apasiona hacer y lo que les permite hacerlo de una manera rentable.
Segundo, van más allá del dinero, reconociendo que el mundo de los negocios es más que un juego de ventas. Si logras reclutar al mejor talento, les ayudas a lograr sus objetivos y a generar la mejor solución al problema que atacas, el dinero se dará por consecuente.
Saben que a ningún empleado lo motiva el trabajar simplemente para generarle dinero al dueño o a los accionistas. Esta no es una razón para que día con día se levanten motivados para aportar su creatividad y cualidades a la empresa. Lo que sí lo hará es el hecho de saber que producen algo nuevo, que son parte de un equipo talentoso, que con su trabajo contribuyen a cambiar el mundo.
Tercero, admiten que su responsabilidad como líderes de la organización es subir la vara de la ambición; que su misión es más amplia que vender más caro de lo que cuesta producir.
Cuarto, no redactan la misión de su empresa desde su escritorio, sino que lo producen en conjunto con su equipo. No se la dictan a sus empleados, sino que comparten con ellos su autoría.
Algunos le llaman misión, otros propósito. Quizás dirás que debe ser visión. No importa. Lo importante es que sea simple y bien articulada. Una guía que redefine el éxito, influye en las decisiones e inspira a tu equipo a perseguir el objetivo.
Hace unos años definimos con mi equipo el propósito de nuestra empresa: “crear experiencias inolvidables”. Puedes preguntárselo a cualquier empleado, desde la directora comercial hasta el encargado de seguridad. Todos lo conocen.
Con esto, logramos que el rol del equipo evolucionara de rentar locales en plazas comerciales, a repensar la experiencia completa del inquilino y sus clientes para crearles experiencias que no olviden y los obliguen a regresar.
No solo aplica para los negocios, también para tus proyectos. Al redefinir el juego te guías por algo distinto. En el caso de esta columna, su propósito es “aprender algo nuevo al leerla”. Espero haberlo logrado.