*Publicado en WHITEPAPER el 5 de octubre de 2022
Como parte del proceso de ventas de nuestros desarrollos, me gusta entrevistarme con los compradores. La semana pasada conocí a Luis, un empresario de 40 años que llego con un bastón y caminando a un paso lento.
Me llenó de intriga. Dude en preguntarle a qué se debía pensando que padecía de algún tema de motrocidad, más al final me ganó la curiosidad. Me contó que apenas hace un mes lo habían operado del hígado y estaba en plena recuperación.
Se dedica al tema de la construcción y como parte del requerimiento para obtener una fianza, le pidieron un examen médico. Era el examen básico de sangre donde un indicador le salió muy por encima del rango considerado como normal. El laboratorio le recomendó ver a su médico general.
Me confesó no tener un médico de cabecera. Es joven, deportista, no fuma, no toma y no suele enfermarse. Así que preguntó por alguno y agendó una cita. Tras estudiar sus resultados le solicitó un par de estudios adicionales pues creía que podía tener alguna piedra en el riñón.
Se los realizó ese mismo día y estando ahí se dio cuenta que algo no estaba bien pues vio las reacciones de la enfermera y quién llamó a un médico. Le preguntaron por síntomas o dolores a lo que le respondió que no tenía ninguna. Le recomendaron consultar con un hepatólogo pues presentaba un tumor en el hígado.
Le dieron el nombre de cuatro doctores. Fue con el primero, le pidió una biopsia y le fue franco. El tumor era cancerígeno y existían tres opciones. La primera un trasplante, mismo que no calificada por el tamaño del tumor. La segunda una cirugía, a la cual tampoco calificaba pues tendrían que retirar más del 80% del hígado cuando el parámetro es conservar al menos el 30% del mismo. La tercera, iniciar tratamiento de inmunoterapía, quimioterapia y radiación y esperar cómo responde el cuerpo. Siendo optimista el médico le pronostico 24 meses de vida.
Decidió ir por una segunda opinión. Fue el mismo diagnóstico. Moralmente destrozado, optó por la tercera y única opción. El reloj comenzaba su cuenta regresiva.
Platicando con un conocido de la iglesia que frecuenta le recomendó ir con uno de los otros dos doctores que no había consultado. Al llegar con él le fue trasparente: el diagnóstico que le habían realizado, según los resultados de los estudios, es el correcto. Más, sin embargo, le dio una tercera alternativa: operarlo para poder ver directamente la situación.
¿Qué harías si te dieran escoger entre vivir dos años o someterte a una operación que tienes 85% de probabilidades de morir?
Ese fue el escenario de Luis, pues el doctor le comento que, de operarse, solo tenía un 15% de probabilidades de vivir. Le dijo que podía operarlo al día siguiente a lo que Luis, sin pensarlo mucho, le pidió un día adicional para dejar sus temas en orden y poder despedirse de su esposa y sus hijas de 9 y 6 años. Las abrazó e ingreso al quirófano.
Tras 14 horas de cirugía, a Luis le retiraron el 80% de su hígado y el tumor completo, que, por cierto, resultó ser benigno. Hoy Luis se encuentra decidido a hacer realidad aquellos sueños que postergaba una y otra vez.
Según Daniel Pink, en su libro The Power of Regrets, analizó él porque la gente se arrepiente y encontró que la razón, más común, es por lo que él llama “bold regrets”, es decir el arrepentimiento por no haberlo intentado.
Es fácil ponerlo en estas líneas cuando no eres quien te enfrentas con la decisión entre disfrutar a tu familia por 24 meses o disfrutarla por 24 horas con la esperanza que sean muchos años más, pero Luis optó por no vivir ese arrepentimiento durante lo que sería el final de su vida.
Su historia me cautivó y me llevó a compartírselas aquí. No solo por la reflexión que nuestra vida no está garantizada y debemos perseguir nuestros sueños, sino sobre todo porque es un testimonio de que en esta vida venimos a desafiar las probabilidades.
Todo lo grande en esta vida, los grandes empresarios, líderes, deportistas, hombres y mujeres de familia, han desafiado las probabilidades. Han triunfado sobre historias de fracaso, en industrias hyper-competidas, en un mundo donde la probabilidad de admisión, de lograr la medalla de oro o de vivir su sueño es menor al 15%.
Lo han logrado porque dentro de ellos, tal como lo sabía Luis, saben que cuentan con lo necesario para desafiarlas y no quieren caer en la estadística de Daniel Pink, viviendo con el arrepentimiento de no haberlo intentado.
Luis ya desafió la muerte, ahora nos toca a nosotros desafiar nuestras probabilidades.