** Publicado en EL NORTE el 17 de septiembre de 2019
La Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard tiene una metodología como principal ancla de sus maestrías: la política pública debe ser practicada como la medicina.
Es decir, utilizar el diagnóstico para detectar síntomas y poder identificar la causa de éstos. Así resuelves el tema de fondo y no se dedican recursos de manera ineficiente a síntomas que seguirán manifestándose.
Si utilizamos esta metodología, podemos detectar que San Pedro se esta enfermando. Comencemos la consulta.
¿Cuáles son los síntomas que muestra el municipio?
EL NORTE reportó el sábado un incidente donde un hombre que caminaba por Calzada San Pedro fue golpeado y dejado inconsciente por un delincuente que lo despojó de unos 50 mil pesos entre efectivo, una cadena y una mochila.
Yo también sufrí un robo en Calzada San Pedro la semana pasada mientras corría, destruyendo así la tranquilidad con la que utilizaba la infraestructura pública para ejercitarme.
La patrulla que me auxilió me mencionó un alza en cristalazos durante el paseo dominical de San Pedro de Pinta.
El 10 se septiembre, EL NORTE publicó la racha con la que San Pedro inició el mes: cinco robos en tres días a residencias. También figuran asaltos, homicidios y robos tipo piñazo entre los delitos denunciados en los últimos meses.
Además, varios restauranteros me han indicado que bandas criminales les han pedido un pago de piso por montos desde los 5 mil hasta 15 mil pesos mensuales.
Los mismos restauranteros afirman que despachos aliados al municipio cobran cuotas mensuales para prevenir que inspectores municipales realicen su labor en cuanto a permisos para fumar en áreas techadas.
Hay que recordar también las ejecuciones y agresiones del crimen organizado a principios de año.
A esto habrá que adicionarle que se comienza a ver indigentes dormidos en bancas o pidiendo limosna, inclusive jóvenes pidiendo “coperachas” en semáforos de Alfonso Reyes para irse a jugar futbol a Europa.
Entonces, retomando la metodología de Harvard, concluiría que estos síntomas no son hechos aislados, sino que son parte de una misma “enfermedad”: inseguridad generalizada en el municipio.
Mi diagnóstico es que son reflejo de una falta de orden y justicia, y se empiezan a tolerar conductas delictivas sin ser castigadas. Se dejan pasar sin castigo por ser delitos menores y por enfocar esfuerzos en otras áreas.
Es una “enfermedad” infecciosa y agresiva. Dejar de atender estos actos delictivos permite que la inseguridad y la ausencia de autoridad se empiece a expandir e infectar distintas áreas y esferas municipales.
Esto ocasionará que un simple resfriado se convierta en pulmonía, complicando su tratamiento y posterior cura.
Habrá que consultar con expertos en el tema el tratamiento a recetar. Sin embargo, como ciudadanos debemos exigirle al municipio que estos hechos no sean minimizados y sean frenados a la brevedad.
Son síntomas que no hay que ignorar, pues dan aviso de una enfermedad más grave. Por más costo político que conlleve, el municipio debe ser atendido.
Uno de los principales activos de la actual administración es su narrativa y comunicación, cualidad que debe ser acompañada de resultados para poder ser efectiva y brindarle al ciudadano lo que se le prometió.
Podremos intentar continuar con la dosis de videos en Instagram, cafés en Starbucks o presentaciones en colegios, pero estas acciones no han tenido el efecto deseado.
Se debe empezar a dejar la poesía a un lado y trabajar más en la prosa. Tomar la medicina aunque traiga consigo sus efectos secundarios que cobra capital político.
Reconocer que al final, los ciudadanos queremos un municipio sano y no sólo un mensaje de aliento al enfermo.